Oliverio Dice: Sé que Volverás

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La noche está fría y afuera reina el silencio, en medio de la madrugada, en pleno toque de queda por la pandemia. Una vez más, el insomnio me juega una mala pasada y no me deja dormir, a pesar de mi cansancio. Me levantó y recordando a mi abuela, me sirvo una taza de leche y la caliento un poco en el microondas. Mito o realidad, no lo sé, pero la leche tibia me hizo dormir. Tenía que descansar, ya que la nueva jornada era viernes y el primer viernes luego de la re-apertura del bar.

El reloj suena a las 07.30 am. Mientras me levanto, recuerdo que esta semana no he llamado a mi hijo Joao, que vive en Brasil junto a su madre Rita. Le marco mientras prendo la cafetera, me responde en portuñol, preguntándome si he visto los partidos de Brasil en la Copa América, apostándome que el Scratch será el campeón de esta versión y que, si Chile no logra el título, deberé pagarle un viaje a Chile cuando se pueda viajar. Acepto, sabiendo que el riesgo de pagar la apuesta es de un 99%, pero da lo mismo, quiero ver a mi hijo pues no lo veo hace un año.

Mientras camino hacia el restobar con mi mascarilla puesta, me topo con un antiguo amigo de colegio que está acompañado de una estupenda rubia natural de ojos azules, que me recuerda a la tenista rusa Sharapova. Me dice que es su pareja, que la conoció para el Mundial en Rusia y que se vino a vivir a Chile hace más de un año. Nos damos los números de teléfonos y nos despedimos. De un segundo a otro se me viene a la cabeza Anastasia, una hermosa rusa que conocí en los años que trabajé en un bar de Ibiza.

Recuerdo como si fuera hoy cuando llegó a la barra y me habló en un español tarzanesco, para pedirme una recomendación de trago. Sólo hace unos días había visto la película «El Gran Lebowski», escrita y dirigida por los hermanos Coen. En ella, su protagonista Jeff Lebowski, interpretado por el actor Jeff Bridges, se levantaba y se acostaba tomando un peculiar trago: el Ruso Blanco. Me acordé de eso y le propuse a Anastasia que probara este trago. Se río con el nombre, producto de su juventud no lo conocía. Procedí a preparárselo con la ilusión de ganarme algo más que su aprobación etílica.

Este trago se hace en un vaso whiskero o vaso corto, pero ancho. Lo primero es poner 2 o 3 hielos grandes, luego 60 ml de un buen vodka, a continuación 30 ml de licor de café y se termina con 30 ml de crema de leche, que debe quedar en la parte superior del vaso. Se puede decorar con un marrasquino. Fue todo un éxito, ya que Anastasia no paraba de sonreír y de felicitarme por el trago. Le encantó y dijo que se iba a llevar la receta a Rusia para prepararlo en casa.

Esa temporada en Ibiza fue inolvidable, Anastasia había ido por dos meses a la casa de una tía. Y después de esa noche en que la conocí, se hizo habitué del bar y comenzamos una típica relación de amor de verano, que llegó a su fin al cabo del término de la temporada estival, cuando ella tuvo que volver a Moscú. Todavía recuerdo aquella despedida en el aeropuerto y ella diciéndome que siempre me recordaría por el trago Ruso Blanco que le enseñé a preparar y que el tiempo diría que pasaría con nosotros. Luego de besarla le digo que sé que volverá.

Apresuro el paso, ya que el encuentro con mi viejo amigo del colegio me retrasó un poco, debo llegar pronto al restobar y como les dije al comienzo, hoy es viernes y debiera ser un buen día en el local, a pesar de las restricciones de aforo. Abro Spotify en el celular, pongo la opción aleatoria en mi Biblioteca y me coloco los audífonos. De fondo aparece la voz de Nana Mouskouri con Julio Iglesias, ambos cantan y es inevitable recordar a Anastasia, cuando Nana y Julio se dicen melosamente, «Sé que volverás».

Textos: Oliverio
Edición General: Javier Valenzuela

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